sábado, 11 de abril de 2009

OTRA HISTORIA DE NIÑOS PARA HOMBRES

Vivía en aquella ciudad un jarroncito de porcelana que se llamaba Olivia. Como tenía los pechitos a medio crecer, olía a jacinto y a tequieromucho juntamente. Iba al mismo colegio que yo, así que nos hicimos novios. ¿Dije que se llamaba Olivia? Se llamaba Mariví, y sus pechitos olían a rosas de pitiminí. Yo me llamaba igual que ahora, pero mi nombre no había crecido tanto en la fama, y mi muchachita podía pronunciarlo sin ponerse de puntillas. Que yo la vi.
Siempre era abril o estaba a punto de serlo. Yo la esperaba a la salida de clase, solía vestir una blusilla de seda, no sé, y se cogía los cabellos azules con un lazo encendido, alrededor del cual, sin caerse, corrían mis ojos. ¿Dije que se llamaba Mariví? Sí, así se llamaba, viento, mar y vi... En llegando junto a mí, le decía:-Tequieromucho, pitiminí. Nos íbamos a un jardín grande, que estaba subiendo por aquella calle, a mano derecha según se subiera y a la izquierda según se bajara. Jugábamos a prendas, por ejemplo, pero siempre había el peligro de que a ella le tocase mi mano en el tequieromucho y se lo rompiese. Sin querer pero que se le rompiese. ¿He dicho que tenía los cabellos azules? Eran azules hasta la raíz, casi celestes (el cielo encima, no era más sutil). Sentadita como una silla de muñecas, cantaba aquello de La niña que está en la bamba..., por hacerme rabiar; pero en seguida íbamos a lo nuestro, dejándonos de coplas. ¿Dije que se llamba jarroncito de porcelana?
Vivía en aquella ciudad donde perdí a mi padre y a mi hermano José Ramón, no sé cómo decirlo, dan ganas de acabar de una vez.

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