martes, 5 de mayo de 2009

EL OBÚS DE 1937

La cocina es lo más surrealista de la casa.
(Claro que me refiero a las cocinas con fogón de carbón.)
Una bombilla amarilla ilumina la dostoievskiana cocina.
Noches de invierno, con lluvia, frío o viento o granizo, y
las escuálidas gotas chorreando por la cal.
Yo he resistido largamente en la tierra, esto es: sobre
las lívidas baldosas de la cocina.
He escrito muchos poemas en la cocina
y, por poco, casi he rezado en la cocina.
El mes de febrero es elegido con fruición por todas las cocinas de provincias.
Mi cocina en Hurtado de Amézaga 36 contribuyó
poderosamente a la evolución de mi ideología.
(Hoy recuerdo aquella cocina como un santuario,
algo así como Fátima con carbonilla.)
Sentado en una banqueta de madera, sobre la mesa de pintado
pino melancólica luz lanza un quinqué,
según atestigua Espronceda.
Gran poeta el intrépido Espronceda.
Interesante muchacha la Teresa, que se ganó un apasionado
camafeo de octavas reales
que no se las salta un torero.
Espronceda poeta social de la cocinas y de las barricadas.
Bravo Espronceda, delicada media verónica
de Gustavo Adolfo Bécquer.
Dios mío, qué solos se quedan los muertos.
Un muerto en la cocina es algo perfectamente serio.

1 comentario:

k.inóM dijo...

Intento ponerme en contatco contigo Sergio pero no sé la forma.Saludos