jueves, 3 de febrero de 2011

necesito rehacer mi vida

Mi cuerpo yace sobre la mesa del forense
así que el señor juez ha puesto mi alma en busca y captura.
Incluso la policía ha confeccionado un retrato robot
que van mostrando en las colas de los cines los domingos de lluvia,
en las de los desempleados al sol los lunes,
entre los que piden a las puertas de las iglesias el siguiente domingo
de viento sur,
a los cajones que una vez guardaron cartas de amor
desde hace años cerrados,
a las frases que cambiaron las vidas de mis personajes
con pronunciarlas una sola vez,
a los callejones sin salida de las adicciones que juro abandonar
todas las mañanas
y a las que regreso cada noche,
a las muñecas de los suicidas ocasionales todos los días
y a las de los burdeles que no me cobran por la absurda perdida de tiempo
de escribirles un poema de amor.
He de dar un golpe que me permita huir.
Necesito rehacer mi vida. Sí, tan pronto.
Imaginadla cómo habría sido si me quitaran lo bailao.
En los aeropuertos con destinos a los continuos naufragios
me conocen.
Las estaciones de tren que llevan hasta los arrabales de los laberintos de cielos con cuatro lunas,
también.
No me puedo fiar de mis antiguos cómplices.
Ni dormir dos noches seguidas en la misma cama
y aún así, insistes en amarme, ángel del amor.

Deberías saber que nunca cojo rehenes.
Al menos desde la ultima timba en que mi escalera de corazones
no llego a igualar la apuesta de su sonrisa.
Los girasoles serán los únicos testigos de mi fuga
con el botín de esperanza de los hombres de veinte años.
Robare un coche que abandonare en la frontera de los apatridas.
Luego, continuare a pie hacia mi destino.
Necesito rehacer mi vida. Sí, tan pronto.
Quién no ha recibido un puñetazo o una puñalada de joven.
Imaginadla cómo habría sido si me quitaran lo bailao.

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