sábado, 11 de febrero de 2012

Un poema de Carlos Launaz

A Baltasar Garzón, el juez

“Una fosa abierta, es una herida cerrada”


ANTÍGONA

(un poema para la cordura)



Tanto me preguntaba por aquella

devastación venida de tan lejos,

por aquel tsunami de la sangre que

inundó las recientes avenidas,

que tanto llovió hacia el Cielo, … que a uñadas

escarbé, a dentelladas, hasta dar

con la tierra dolorida.


Allí los gritos del alma, los gritos

desgarrados, los apretados puños

hundidos hasta el cuello, y las piernas,

las amputadas piernas, sembradas ya

en suelo pedregoso para que no

crecieran, los ojos cosidos al barro

como estrellas mal nacidas, cada par más ciego;

columpios por el suelo, sin rama en

que ir naciendo un hombre,

huérfanas llorando desaparecidos,

llorando pena, sí,

por la carne rota, la sepultada sangre

por la Patria entera.


Llovía, hacía hambre y frío, mas

seguían siendo abismos las ventanas,

-para aquellos cuerpos que apresaban-

crucificando a los huidos en los muros

del amanecer, mientras la niebla

ocultaba las lágrimas al Cielo;

y fue por largos años la delación,

el odio enfermo y la venganza fría.


Aún se niegan las cunetas sembradas

de rostros añorados, de lágrimas

en vilo, de besos en el aire sin

otros labios donde encontrar cobijo.

Aún pasean hemiciclos cuellos retorcidos

de tanto mirar hacia el olvido.


Mas ahí están,

- no miente la tierra, no traiciona -

como testigos del caos,

aporreando a gritos el barro que

los tiene presos - tantos años - clamando

por un trozo de tierra al aire libre,

por unas flores, tal vez por una voz

que recite un poema con su nombre.


Nada más.

Carlos “Launaz”



1 comentario:

MENA dijo...

Hola Carlos, poeta de carne y sentimiento, siempre comprometido con el hombre y con la poesía.

Espero verte pronto, un abrazo.