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viernes, 26 de febrero de 2010

Artificios para la poesía.

"Aunque la flor sea artificial, lo importante es que huela a primavera".
Rubén Darío.


Tributo de admiración a García Lorca.


Sangre de amapola.

“Amada mía, amada;
huerto cercado, fuente sellada...”
(Cantar de los cantares).


El tiempo se me iba súbito
por el corredor del viento.
Entre los campos de espigas
las hoces sonaban cruentas
decapitando amapolas.
Desde el límite del cerro
llegaban los golpes nítidos
de los yunques de la fragua
chocando con los martillos.
Entre la falda y la enagua
se adivinaban tus muslos
de viejo bronce curado,
que mis manos torneaban
entre el instinto y el fuego.
Y la luz de un limonero,
como lámpara de aceite,
mostró el blancor de tu vientre
perfumado de romero.
Dijiste que era el primero;
yo, con la sed más ardiente,
bebí tus pechos redondos
borracho ya de deseo.
Y en el blancor de tu enagua
quedó por siempre grabada
aquella rosa explotada,
aquella sangre ofrendada
junto al rumor de la fuente.



Tributo de admiración a Rubén Darío



Yo me busco en tus ojos y tus ojos me huyen;
por caminos de sombra me deslizo y discurro
en difusos crepúsculos de flamígeras formas.
Tú, remontas lejana a paisajes oníricos

y yo busco en tus ojos el calor de los nidos.
Tus desdenes fingidos acribillan mi oído
y me duelen sus ruidos y me estallan los tímpanos.
Como a barca del puerto me desatas la amarra,

me señalas la parca con sus cuencas de muerte,
y yo lloro en silencio tu silencio de ausente.
Me desgarro en mi barco, capitán de mi puente,

y mis ojos llorosos se revuelven por verte.
Pero tú sigues lejos, como esfinge silente;
estática en tu mundo; apática en tu ánimo.

Con el viento de frente y las olas pugnantes
busco el faro fulgente de tus ojos fugaces:

¡Sólo encuentro la noche y las sombras informes
cual mariposa muerta con las alas deformes!

miércoles, 10 de febrero de 2010

Huyendo de las cofradías.

Me ha nacido un día huérfano de esperas.

No hay un suspiro que me lleve
más allá del tiempo y de la escarcha,
y llueve hacia una lentitud de campo sin cosecha
que deja sin sentido la calma de la noche.
No hay nadie afuera. Sólo
las ramas retorcidas de un árbol sin hojas y sin sombras.
Sólo el corazón que en su corola espera
el frescor del rocío y de la aurora.
Los recuerdos que congela la memoria son inertes.
El tiempo los adoba y adereza para la complacencia.
Se filtran y se escapan de la tupida red de los olvidos
inútiles retazos de deshechos que ya nacieron muertos.
Recorren las distancias en dirección inversa
entre rumores de aguas que arrastran al que vaga
por los bosques calcinados por las antiguas heridas,
entre gritos de árboles que habitan las aves augúrales.

Un búho mira con ojos de Minerva.

Disputan entre sí veredas y leyendas;
residuos que van así, por senderos dispersos
en busca de los sueños rotos y de las rosas muertas.
No hallan la brújula de musgos en la corteza vieja de las hayas.
Como una esclava que busca en el cráter del desierto
la lámpara que olvidó la marea sobre una agreste duna;
que la luna convierte en playa o páramo,
reverberando, como en un cielo de abrojos y de arena.

E intenta caminar a tientas entre vísceras huecas;
desgarrarse las costuras de la piel y sus anejos
sólo para verse los surcos púrpuras,
marcados por las huellas de las venas.
Mirarse a si mimo frente a frente y reprochase
haber perdido las llaves de las puertas del encierro,
y quedar para siempre prisionero de su autismo.

E intenta mudar de piel, darse la vuelta,
(la palmada en el hombro de que hablaba Vallejo)
para mirar de cerca qué se oculta
en esa turbamulta de ser indiferente que se mezcla
en la incierta dualidad de ser distinto
y ser él mismo, al mismo tiempo.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Lázaro.


Lázaro oyó sonar sobre su tumba

la voz majestuosa

del más dulce amigo de la infancia.

Ha días que dormía mansamente

en el seno caliente de la tierra.

Era un sueño apático y sin sueños;

era un estar estando, simplemente;

era una soledad cristalizada;

era un nadar a braza por la nada;

era un vacío hundido en el vacío.

Su amigo le conminó con voz urgente:

¡Álzate, Lázaro, álzate y anda!

Pero Lázaro, ¡ay!, estremecido,

miró en torno a él y, convencido

de que nada sorprendente le esperaba,

se dio la vuelta y continuó dormido.


Octavio Fernández Zotes

viernes, 19 de junio de 2009

ECCE HOMO

Vengo de más allá de las fronteras,
buscando primaveras diferentes;
escuché sin reparo los cantos de sirena
con la ebriedad del sabor a tierra nueva.

No voy a parte alguna;
ya sé que no me espera nadie,
pero quiero apurar lo que me queda
rompiendo aduanas y horizontes.

Si yo tuviera algo que decir, lo contaría ahora,
en este domingo frío del invierno,
mas, presiento que ya todo esta dicho,
que busco palabras diferentes
para decir lo mismo.

El día está cansado
y yo mismo
sigo mirando con los ojos glaucos
la idéntica procesión de lo monótono,
la inútil adoración a lo caduco.

Y mientras esto digo
llama un hombre a mi puerta y me pregunta
si sé que hay una guerra;
si sé que hay hombres y niños escondidos
en la trastienda de la historia.

Y me sorprendo repitiendo
la eterna cantinela de mis penas;
mirando absorto hacia el reloj parado,
pensando que soy sólo yo quien va conmigo.