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viernes, 12 de marzo de 2010

Un texto de Sergio Oiarzabal

OFRENDA
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Escucharé los acordes. Ascenderán todos, todos. Los ha de aprender quien aún hoy no ha sangrado o ha besado la piedra más cálida.
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Incéndiense los campos. Agotadoramente. Porque las uñas del viento son muchas y está dispuesta mi alma con cien lirios morados.
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También así la mar se retira con un secreto y vuelve inocente.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Un texto de Sergio Oiarzabal

SUBLIMACIÓN DEL SER
(Cuna de espumas antepasadas)
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He probado en mí todos los venenos para cerciorarme que el sabor lejano de mi alma no finaliza en la letra Z. Qué existencia en otros signos. Pero tú, ya inmortal para mi vida, Mujer oceánica de las pasiones, tú ya no eres tú, no tú misma, no así tú misma. Te sueño tanto, te siempre tanto, te pienso tanto, que ya mi tiempo sin tu muerte te ha resucitado, ha llegado incluso a parirte de nuevo, y cómo, con qué inagotables latidos te ha reinventado mi mundo, y contigo el mundo mismo, y a su vez el universo, inclinado hacia los deseos primitivos que se ocultan bajo párpados de musgo, inclinado en el fuego invocado que nació de un pensamiento, huellas en la nieve, perlas hacia un fondo, lluvia tras los ojos, a favor todo del transcurrir de nube al cual se debe el circular femenino nombre de lo que es eterno.

viernes, 5 de marzo de 2010

Un texto de Sergio Oiarzabal

DELIRIUM
(5:04 a.m., Los Cirios Encendidos)
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antes de morir quiero ver el rictus de mi boca
y después cerrar los ojos y en mis ojos la enloquecida sombra que de niño tuve
la expresión ausente de mi cara
se parece a ti
la mano con la cual escribo ha menguado
conformada de orfandad ha regresado hasta la edad del mono
no cesan de salir arañas por mis tobillos
qué solitarios mis labios que besaron los labios de una hija del Cid hace un segundo
por qué el prostíbulo de mi nunca nunca cierra
y en la oscura noche frayluiseliana avanza sin destino el desbocado
caballo de tremendas olas que mi corazón habita de la O a la ese
y mi voz lamentable se agoniza en el cuarto de invitados de qué manera
y no hay término para la quemadura inexplicable sin datar la fecha en que soy
y está tan lejos mi ancianidad de 81 años a la que no respondo
y solamente la eternidad me escucha llorar un dolor de Dafne desesperado
y quiero arrancarme los ojos para que veáis de verdad cómo soy en mi voz sin tumba
y vengo de muy lejos desde el naufragio en que se confirmó la nave de mi existencia
y en mi perversidad con signos exclamativos me ha salido un diente de leche
y se ahogará en su Narciso el cielo teológico en aquellos los pasados lagos
y se me duerme ay! se me ha dormido la tinta en la palabra muerte
1.374

jueves, 4 de marzo de 2010

Un escrito se Sergio Oiarzabal


PRIMER ENSOMBRECIMIENTO
(7 años)
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Hoy el fondo no me reclama no, está necesitado de mi desnudo que lo ocupa a la intemperie, que lo preña de vendaval de largas uñas largas, y ojos que ven en la oscuridad los verdes violines de la lluvia. Estoy dispuesto a hundir mi mano izquierda en la tierra olvidada para acariciar de nuevo tus divinos labios, dispuesto a lapidar mi voz de caballo indomable y que tú lo escuches cuando lloras, y dispuesto a atravesar la vía láctea de tu desierto sin más agua que la fresca de tu rememoranza. Todo lo que perdí en la vida prosigue en mi busca, y porque tengo el corazón a oscuras, a oscuras, nada ni nadie podría encontrarlo.

martes, 2 de marzo de 2010

Un texto de Sergio Oiarzabal

FERMENTACIÓN DEL SILENCIO
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ya tiemblo ya brillo ya vuelo
soy las cuerdas de una guitarra bajo los dedos del asesino
y puedo ahora imaginar tu vida
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tomabas copas de absenta con Poe
una vez viviste con El Bosco
y Mozart pensó en ti cuando escribió el Lacrimosa
.

y Jim Morrison te besó en uno de sus conciertos
y Sawa al quedarse ciego acarició tu cara y sonreía
y Henri Miller te enseñó París en una copa de aguardiente
.
Magritte te pintó de espaldas al desnudarte frente a la noche
al recordar tu tristeza Albinoni compuso un Adagio
y tus ojos tus ojos conquistaron a Machado y a Pavese y a Neruda
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propagad la voz en el barrio como una epidemia de confusiones
propagad la voz en el barrio de que aún sigo vivo
.
Londres

viernes, 26 de febrero de 2010

Un texto de Sergio Oiarzabal


REVELACIÓN
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Quiero ahogar mi noche en tu noche, en la estela de tu luz sin día y como tú ser agua, rumor de pedernal fugitivo, olvidado de sí, rehaciendo la historia erigida en los lindes mientras apenas calas, suspiro de sal, las orillas de tu nombre y todo en tu larga melena de ría queda, soñado por la voz arrastrada en los siglos y las redes, por el cielo reflejado en tu piel de escamas, y aprender una vez abecedarios negros, y dormir una sola vez con los puños llenos de arena, y callar para siempre con tus labios vividos.

sábado, 20 de febrero de 2010

Un texto de Sergio Oiarzabal

Las huellas de mi tumba desaparezcan de la superficie de la tierra
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todo yo me quemaré todo
la luz el viento el mar esparcen mis cenizas
y quiere morirse el agua desde que no te beso
y el viento quiere morirse desde que no te toco
y quiere morirse el sol desde que no te veo
en tus labios duerme el delirio
y cuando los muerdo se resquebraja mi tierra
y si mi carne vencida en el cielo levantara una bella corona de graznidos
y si mis huesos en la tierra dan la olorosa flor de los tormentos
y si mi alma es devorada por los rabiosos perros de las catacumbas
y si mi espíritu sueña después desde todas las cosas que fueron nuestras
y si mi carne mis huesos amor y si mis huesos mi alma amor y si mi alma mi espíritu

domingo, 14 de febrero de 2010

Un texto de Sergio Oiarzabal


TESTAMENTO
A Arnaiz y Langarika
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Una vez perpetrado el asesinato uno reincide gustoso, y qué vasto silencio a banquete de gateada comida hoy tienen de nuevo, tras largos siglos, mis palabras. Bien apretados los nudos, ya me encargué de arrojar todos los botines al mar, aunque aún no te haya dado un último beso.
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Con tan sólo tocarte purgatorio. Cuando recordar se ha convertido en una fea costumbre, marcho sin oponer resistencia alguna al desbordamiento de las riadas, pude aplastar los más altos templos con tan sólo adelantar un paso, logré apagar aquellos cirios morados con los dedos mortecinos, pero arañaré tus pechos sin embargo, oh buen final, y tu grito sin consuelo será tan hermoso como lo son las luces de una ciudad vista desde las afueras y a la vez próxima. Mas dejo tatuado en la piel del tiempo señales de una lucha encarnizada y desaparezco, estrella fugaz, galeón derribado, animal perseguido, rudeza aclamada, poblado de voces de pasión y muertes desmedidas.
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Si he de ahogarme en la polvareda levantada por mi propia ventisca, si he de lavar con mi lengua las duraderas llagas del lamento, si he de ser apedreado al atravesar el pueblo de un destino de leyes rancias, si he de morir de sed sin alcanzar el oasis que mi ánimo presiente tan cerca, si he de perder el juicio y convertirme en la bestia enjaulada, irrisoria, que se exhibe en las plazas, si he de quedarme sin ojos por el ansia de hallar un paraje distinto al de la rendición, si he de desangrarme a oscuras en el día que aún nadie ha visto, sea ahora; ahora que estoy sembrado de emociones perennes y quisiera morir porque he de dar su nuevo fruto; ahora que leí en las vísceras de casi todas las cosas; ahora que heredé la pérdida, el fondo, lo improvisto, y unas garras más incipientes; ahora, ahora que doy patadas en el vientre de vejeces fatales, ahora que agoto las posibilidades sin número de las excusas, ahora que abro los brazos en los arrecifes para recibir la llegada de los encuentros furtivos, ahora,
vestigio último, pasarela que se derrumba; ahora que vuelvo mi espíritu, camaleón, hacia lo que será pensado, y en donde decidido entrego el porvenir, como un testigo rodado de otras alianzas, a su melodía conmovedora, víspera de anunciaciones.
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El nombre es el nacimiento primero. A merced de ser pronunciado desde tus labios cárdenos de suspiros, mi tiempo se limita a un perpetuo entierro mientras que yo, clamor que no ha de detener el fuego, flechas que siempre caen sobre la misma calumnia, exilio en el claro alumbrar de los caballos salvajes, no existo. No aún. Acaso un recuerdo inhóspito que esparce cenizas de adiós y abandona panales de avispas en la peor de las pesadillas. Ya me hice ladrón de los sueños más crueles.
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Ahora me retiro a mi zulo en el ahogo y las magias mientras te dejo, devorándote a ti misma, en el oscuro y ledo burdel del silencio, como sólo devora un Dios a cuantos creen en él.
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Nómbrame una vez, tan sólo una vez, para poder vivir al fin mi muerte
última.

jueves, 11 de febrero de 2010

Un texto de Sergio Oiarzabal


ENALTACIÓN A FAVOR DE TUS VELAS
(Monólogo Interrumpido)
A mis Amatxis
Hoy deseo llorar y que lo sepan todos. Que bajo mis pies
viajan nubes pasajeras, que tengo en mis ojos dos lunas rojas,
dos, y que brotan flores milenarias a través de mi lengua de
latitudes. Dadme una tarde de lloviznas para mis hombros acostumbrados, que se me muere el aliento en una maleta de
madera. Y no te olvides de mí, que ya mi sombra se fundió
en la tuya con lágrimas de cirios que alumbraban las esquinas
de divinos lechos. Tú duerme Soñadora, tú duerme, que
algún día balbucearás mi nombre en magias acunado por tus
labios sin origen, por tus labios entregados, por tus labios
capaces de decir adiós a lo muerto que me posee. Y qué bien
naufraga mi tinta sin timones en esta mar tan profunda.
Solamente una de tus yemas llena de envidia a la Venus
rupestre de Apolo, mientras mi voz se pierde en el verano de
tu melena constante, y no quiere regresar sino convertida en
estrellas aztecas. Son tan preciosas las pirámides de tus
codos... que todas las letras del alfabeto secreto que yo
significo, suben volando en susurros por ellas hasta besarte
las pestañas difuntas. Así, Amorosa de mis siglos, así,
bautízame por siempre con la savia de tu íntima palabra.
Hoy temo a veces tu partida en el tren que se dirige hacia el
Noroeste de mi olvido, pero mi beso de sílabas insomnes se
enraíza en tu boca milagrosa, te espera en tu boca milagrosa,
te espera en la piel cariñosa de tu almohada, te amanece en el
espejo de otro día.
Desde la Polonia sonámbula de la vez
primera que te vi, yo te llamo. Y ven, ven al fuego de mi
alma que no se consume de sus vides, ven desnuda como tu
palabra primera, tú ven a ocupar el trono pasional de mi
mano izquierda, tú ven felina a arañar mis soledades de
Polifemo, tú ven a arropar mi niñez de pozos con amapolas
de Holanda, ven a morirme con tu amor la vida, ven
custodiada por océanos celestes, ven con los ojos cerrados
para hallar mi corazón que palpita las sombras, las sombras,
y ahora...

lunes, 8 de febrero de 2010

Agradecimiento de Sergio Oiarzabal a quienes le hemos animado y bienvenida a Nude


SALVADO DE LA QUEMA DE ALEJANDRÍA
(Pliego V de un Pergamino Etrusco)
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Hoy me voy a disfrazar de sirimiri de posguerra. Pero qué bien acunas marismas en mis talones, qué bien alumbras pensamientos en el laberinto de mi cerebro. Hoy el sol llega a los patios traseros donde los ancianos juegan al corro de la patata. Oh dulcísima primavera a salvo en tus párpados cerrados, oh amantísima noche de bodas a lo largo de tu piel de espejos. Cuántas veces he dormido en el estuche de tus gafas, cuántos años fui la piedra con que afilaban el cuchillo de pescado los cocineros del Bronx, pero cuánta semilla de rosales negros en las cartas tuyas que recibo, prometen su momento glorioso al aire bajo cada una de tus letras. Quiero que la mar llame de nuevo a mi vida. Hay veces en que me abrazo mortalmente a ti, a tu cintura sin poniente, en las tardes de tormenta. Bailemos. Bailemos el vals de los ciegos interpretado por la orquesta de las nubes traspasadas de oros, bailemos sobre una ola perturbadora que no cesa, hundiendo nuestros pies en una estrella recién nacida, empapados de una lluvia de otro tiempo. Ciégame Fantástica entre las dos llamas ondulantes de tus pechos. Que se perpetúe desde ahora eternidad que somos en las caracolas del mundo. Que yo me enamoré de ti en el año 3317 a.C.
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Y después de ser mono, de ser esclavo de faraones, de reinar durante cinco lustros en Mongolia, de ser arquitecto de catedrales románicas, de ser cortesana en el palacio de Sancho I; después de ser jirafa, de haber sido abuela por quinta vez, de haber posado para Tintoretto, de haber sido violada por los conquistadores españoles, de haber presenciado el suicidio de Sócrates; después de ser bonsái, de ser herido de muerte en la 2ª República, de sufrir como África prisión y más prisiones, de ser el sol que al fugarse deja más cálida la tierra que admiró; después de ser mantis religiosa, sibila de emperadores romanos, después de ser uno de los mapas de Marco Polo, una de las cuevas con motivos de pinturas rupestres... después... Yo mantengo mi palabra en la punta de mis dedos lechosos como la mejor de las herencias. Y no es que no te quiera, no, no te quiero. Y no es que no te ame, no, no te amo. Mujer apoteósica, Mujer inimaginable, Mujer de gigantesco corazón de selvas, yo... yo... yo te sueño.
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Sergio Oiarzabal

miércoles, 27 de enero de 2010

Elegía para Miguel Hernández de Sergio Oiarzabal


Miguel Hernández: APOLOGÍA DE ILUMINACIÓN
Siempre que pienso en él o recibo alguna carta suya, una mano felina entierra un corazón doble en un maniquí tras la tormenta, alguien yergue una espada de conchas a favor de su paso, y los niños vestidos de morado hallan un abecedario nuevo en la página 47. Como decía, me es imposible disociar su persona de aquellos quienes pudieron salvarle. El mes pasado, uno de esos terribles que comienzan por L, le encontré sembrando relojes y semen y estrellas tras las paredes del convento, más tarde le acompañé hasta casa, no me veía, y al cerrar la puerta se revistieron de espuma las hojas y el girar de los planetas, los corderos murieron de estallido y negrura, y alguna que otra princesa besaba ranas con las uñas pintadas de éter en un terciopelo lejano. Según las últimas declaraciones a prensa, goza de un brutal peso de tres atmósferas doradas sobre sus turbadores hombros, soportan sus manos de hormigueros y arena las brasas del octosílabo viejo, y prolonga más allá de los límites su melena indómita, ardiendo, un Universo de interiores mayestáticos que no podrá acabarse nunca, no al menos en las trincheras que una mar cósmica, embravecida, sortea ya innegable. Me dijeron después, en 1878, que en su pueblo le cerraban las puertas, que era escupido en mitad de la plaza, que ya nadie entendía su voz primorosa de altos vuelos; entonces lloré, se detuvieron las palabras. Lloré los puntos cardinales de los orígenes subterráneos y la pobreza, se detuvieron las palabras. No pude evitar que aquel llanto precipitase una riada nueva llevándose consigo el verde panegírico prado de mis ojos, se detuvieron las palabras, y todas, de todas las lenguas, acudieron volando a su alma, tierra mágica espejismo, dejando por un momento todos los libros en blanco, todas las bocas insomnes, para ser, ser en fin, solo ser, bienvenidas en el central ardor bajo sus congénitas cinco letras de espacio temporal sin fondo.
Sergio Oiarzabal

miércoles, 20 de enero de 2010

Un texto de Sergio Oiarzabal


PACTO SAGRADO
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Me parieron en un callejón mientras los meses en las tinieblas zambullían famélicos, la cabeza cargada de la lluvia, hasta ahogar la reverencia de su música a los pies de las ciudades apestadas. Me amamanté de los pechos de la locura y los mordí con fuerza; y degusté complacido la más amarga de las savias. Así se hicieron duros mis huesos. Gocé desvelados deleites con mujeres cada una de diferente piel y derramé el vino espeso de mi última pasión en sus gemidos; y extendido en las preguntas soterradas, semejante al dolor en los hombres, comulgué con la confesión nocturna de cada caricia. Así mi carne ardió siempre febril como un deseo. Recorrí descalzo, hasta la extenuación, las brasas de la partida a espaldas de las redes del miedo y la emboscada, y soporté de donde estuve, juro, los linchamientos de las vergüenzas ajenas; y me recluí en mi silencio con un designio empapado y mi silencio se desangró, tanto, con tal vehemencia, que se resquebrajaron los muros de sus clausuras. Así regresaban a morir en mi alma, pájaro tras pájaro, todos los amaneceres.
Oíd, oídlo todos, fuera de mí mi pensamiento existe. Yo solitario reino en medio de un círculo de llamas negras. Allí mi voz es inextinguible hasta la proclamación y crece. Extendió sus venas de necesidad y ya es tarde para negarlo. Todo vislumbre mi ser de nuevo. Y qué pretenderá la mar que se acerca a cada latido y cómo no admirar con angustia el horizonte lejano.
Pronto olvidaría mi lengua madre y más tarde sería el remordimiento de muchos esfuerzos, cuando atento al monólogo de la naturaleza, me adentré en la espesura.
Ciego como luz que resplandece y origina los días, no cesé de escuchar hasta hoy la nana del auxilio, no me poseyó el rayo antes con tanta violencia, no invoqué nunca mi plegaria con tantos desmayos. Invadí mi nombre con un himno negro al asalto y al levantamiento. E hice mía la palabra con una batalla de ojos en blanco.

jueves, 14 de enero de 2010

Un poema de Sergio Oiarzabal


AMPOLLAS QUE RESPIRAR
(Arrodillado lo Imposible
)
no preguntadme nada
nací mudo como la espalda de tantas paredes pecosas por fusilamientos
pues no se sale del infierno por la puerta de atrás donde brillan los 2 espejos
qué sombrío eco en el abandonado pozo
qué copa de viento en la que cabría toda la lluvia
qué hallazgo saber que cada verso es la venda que momifica su monstruo
ahora que ya he perdido el tren donde viajaba Dulcinea con sus ojos de ceniza
ahora que tendré que esperar 57 años sobre una maleta de lágrimas hasta que amanezca un mañana
ahora que dedicaba al Presidente Bush por la radio Kunta Kinte el himno de Etiopía
no me busquéis esta noche perpetua en la soledad que murmulla los guetos
el abrigo mojado de Larra me sienta mejor
no me busquéis esta noche enganchada a los somníferos la colonia y los anteojos
no me encontraréis
Safo me espera desde hace un siglo en una pensión de la Calle del Perro
aunque mi deseo lama calenturiento pocas palabras en las favelas de Brasil
las agujas del reloj se cubrirán como el león a la tigresa
y darán a luz otra de esas madrugadas en las que el corazón nunca duerme
corazón que no eligió su morada
polizón en todos los pechos desde antes de nacer
en el mercado negro se vende el alma del Papa Juan Pablo II por dos catecismos de cuando Franco
id
id a verlo
pero no os pongáis las gafas de Joyce tampoco las de Brecht jamás las de Quevedo
porque entonces veréis que huele a mierda en cada día del lustre
que hace tiempo que el hombre no debió dejar de ser mono
que ya casi nadie lee sin un bostezo
que los matrimonios se aparean por convenios y horarios e hipotecas
que las chabolas del analfabetismo son fruto del pobrísimo emporio de los que se enriquecen
y que me aten a la pata del camastro de un Basilisco y cierren después la puerta
y arrojen si quieren después las llaves al fondo del mar matarile-rile-rile
si todo esto es cierto
tal que deseo tenerte y amarte mi Reina como si estuvieses prohibida
si todo esto es cierto
en mi respiración más honda que lleva y trae una ola que regresa ya inocente
si todo esto es tan cierto tanto
como que la fe se orina en los pantalones incurables
y si todo
todo esto es cierto o por el contrario también

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Despedida. Sergio Oiarzabal

Con este poema Sergio Oiarzabal decide despedirse de nosotros. Esperemos que regrese pronto. Gracias por tu poesía.
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EL VUELO DEL EROTISMO ENSOMBREZCA MI PALABRA
(Oda a la Mujer de Magia)
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A Mirella
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Voy a comerte el beso, el cuello crecido de juncos que atardecen, los pechos orgullosos a la vida, los arroyos de tus muslos deslizados, el fruto de tu sexo irresistible, voy a comerte como nunca, si no, no me lo perdonaría.
Eres la vuelta al hogar que nunca tuve, se mueven tus caderas al impulso de las olas, y todo lo que tocas se vuelve insomne de repente, y todo lo que dices son semillas que florecen al momento, de ciudades hechizadas cuando te diriges desnuda al torreón de luna llena.
La naturaleza te idealiza al compás del segundero, y ni la palabra puede conciliar el sueño si no duerme bajo el cielo etrusco de tu boca.
Bésame en los labios de la palabra, así, con tus labios sonido de ultramar, que después será más poderosa, y que siembre en las hojas una sombra de ecos que va y viene, desde mi aliento de expósito niño a las cavernas con pinturas rupestres del universo.
Un valle de ninfas se tumba en la inquieta provincia de tus talones, una cascada de nubes se vierte desde tu nuca precolombina a través de tu espalda conquistada de oasis y espejismos; la comitiva de las hormigas voladoras es mayor en los espejos de tus uñas, tu piel es la piel de la alborada, la piel de la manzana de Eva, la piel del melocotón rojizo, la piel de la cereza rusa, la corteza de todo lo que es recién nacido, y las huellas de tus pasos en las nevadas de los augurios huelen a sinfonía, a estrella y a marisma, a fuego de hace siglos, a savia que se extiende, a fe improrrogable, a voz acogedora, a tiempo en fin que se hace eterno, eterno, tan eterno como pentagrama de arcoiris.
Enloquéceme de nuevo, que ya no está despierta la serpiente abrasadora que mi corazón contigo montada encima antes recorría, que ya no sudo a las noches luciérnagas y más luciérnagas para conversar tembloroso con las estrellas, que ya no hallo a las mañanas al pie de mi lecho las orillas medievales del silencio más anciano; oh Mujer alada de plumas luminosas, ay Mujer mezzosoprano de la ópera del sueño, oh Mujer que ocultas tras tus ojos embrujados el único dragón que te vuela más allá del mundo, enloquéceme, ¡ay! ¡enloquéceme!, pero enloquéceme de nuevo.

martes, 10 de noviembre de 2009

Elegía por Vicente Aleixander

WELLINGTONIA, Nº 3
(Recital al Mundo sobre el Dragón Políglota)
A Vicente Aleixandre

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La Distorsión está en el Lenguaje mismo
sea cual sea el uso que queramos dar.
Derrida
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Oh niño soñado proveniente de cósmica luz, de sed en los cueros,
te llamo desde una torre en el confín de salvajes conchas sin asueto ni días,
te llamo con la última voz que vive en el desván de las mariposas rojas,
para que vuelvas perfumado de olas a incendiar el espacio con tus constelaciones en calma,
para que vuelvas a desnudar el agua del peso iluminado de tu milagrosa boca de oro,
yo sé que me escuchas con diminutos erizos en tus uñas tras una máscara de perlas,
con corazón de caracolas donde el viento austral se vive en el infinito del nombre que susurra,
con pensamiento atormentado en cada poro por una misma ola de pájaros sin nidos,
cómo no llorarte hermano del delirio que al respirar origina únicas nubes,
cómo el mundo no llorarte para limpiar sus mejillas de cadenas, nanas negras y relojes,
pero cómo no llorarte con vestidito de niña de posguerra, con arrugas de anciano en la camisa,
pues tu voz que abrasa lo que canta es parecida a un buen manojo de ardientes peces,
y tus ojos infantes del escalofrío que esconden una batalla de profundos corales a salvo.
Todo en ti era metal o luz o beso o poso, sí,
algo de eso hizo que el caballo azul y ciego en mi paladar cabalgue
alejándose siempre el éxodo en su misma tierra, de sus límites que atesoran el vértigo,
y cuántas ganas de morir contigo (quiero decir) en el paraíso de tu fértil mano,
para que la niña negra escuche los colores, los besos, las luces, de mi última campana que repica.
Tus ojos eran del color de lo que veías,
ésa la siembra misteriosa de que fueran,
de que fueran naranjas como las melodías de los abanicos perdidos en altamar,
oscuros como el candil en el establo de las agujas a las madrugadas,
profundos como las lágrimas que siembran oraciones duras en la tierra,
y es que me gustas tanto... que no me atrevo a mirarte,
tu belleza domeña en un oasis de pulpas tan transitorio como ligero,
y no me atrevo a mirarte porque tú entre tu niebla de gemidos me harías hermoso,
porque podrían después confundirme para siempre con una escultura griega del s.IV a.C.
Por tus siglos constelan en el cielo encapuchado estrellas y caballitos de mar que te respiran,
a ti gracias el verbo se vistió de dones
y sus danzas y orgías y banquetes son conocidos más allá del tiempo,
a ti gracias no duermen, nunca duermen,
jamás duermen los amantes que fueron enterrados juntos,
todavía se acongojan de preñez los suspiros cuando la palabra alcanza unos labios,
dicen que la mar halló al fin su respuesta en la primera y repetida y única ola,
es en tu lengua de arcoiris Ma Bella Dona donde enterraría yo mi muerte,
pues la amargura destilada sin compasión alguna se enjuague ahora en otras bocas,
porque podría desaparecer el universo tras el número que abrasa la pizarra del beso abandonado,
y el tiempo estalla de amor sus edades y dominios al soñar perpetuo con tu nombre,
ay Ma Bella Dona! tu eco habitado de futuro, tu ser repleto de grandes ojos de profecías.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Elegía. Doliente por Lorca


DOLIENTE POR LORCA, DOLIENTES
(3ª Persona del Primer Pronombre)
Y qué es lo que vas a hacer
Voy a ocultarme en el lenguaje
Y por qué
Tengo miedo
Alejandra Pizarnik
reparo en ti, si ya dulcísima égloga, desde el primer suicidio de mi llanto con la injusta nueva de tu muerte. reparo en ti. en ti. solo en ti.
Amigo solemne, tú gimes todavía en el lirio luminoso sin eclipse,
observan tus ojos bajo tierra la edades desposadas de mis oscuridades,
perpetúas en mi mano de ocho años las naranjas grandes de mi yaya
y entonces mi palabra se me adormece en los labios fugitivos,
por no atreverme a besar tu boca virgen y despertarla de nuevo al universo.
Tan endurecida tu acuosa sombra, que camina encorvado el cielo por el peso afrutado de tus voces
y cuando pasan lista, no me llores garza impensable que me ahogo,
tú no llores cuando pasan lista en los colegios húmedos,
los niños desnudos con chisteras violetas se levantan y te dicen en alto: “Presente”.
Pero cuánto escalofrío tras las máscaras el escuchar tus pisadas de planetas que aún nos acongojan,
cómo enloquezco tu melena brillando en el puerto donde suene el violín de abejas de los sueños,
años de mi lejanísimo reino levantado en las nieblas yo daría por verte,
y si pudieras con tu lengua quemante ser de nuevo el tobogán para las termitas del latir sordo,
y si yo pudiese sacarme el corazón difunto y sembrarlo como una estrella en tu pecho,
me cortaría la mano con la que escribo para que la tuya pusiera sus huevas subterráneas,
te susurraría al oído cientos de mariposas para que en tus ojos volviesen a brillar campanillas,
y me cosería los labios con tus lágrimas para que así nuestros silencios fuesen dos huérfanos hermanos.
Ya te escupieron de Marte tres o cuatro rayos de tez avinagrada, tú no has muerto, ¡escuchas?,
no has muerto hermano mayor de los milagros, tú no has muerto, miles de barcos te esperan
y porque tú no has muerto, y porque donde te abandonaron duermen sus noches los perros persas,
el tiempo te hace renacentista su ofrenda en el mundo
con caracolas estelares, de muslos temblorosos, con tallos florecientes de una herida,
de claveles que amanecen, de siglos pasados que encerrabas en tu mano izquierda al licor nocturno,
de gigantescas campanas, de serpientes que buscan un alma imposible igual igual a la tuya,
para encontrarte en esos dedos de piano, en esas provincias donde no duermen jamás las yemas,
por esa garganta en la que nunca dejó de avivarse la temible orilla de la altura deseada por las barcas,
para encontrarte mi amado, hasta lo imposible, porque ya tú eres un es mío, nuestro, mundo entero.