Mostrando entradas con la etiqueta Blas de Otero.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Blas de Otero.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de enero de 2010

Miguel Hernández (Soneto de Blas de Otero)



Hay una muerte lenta que atraviesa
la vida lentamente, lentamente.
No es la traidora muerte de repente
que deja el ansia, aunque caída, ilesa.

¿La súbita del rayo? No, no es ésa,
es la que llega despaciosamente,
como claror confusa del oriente:
trágica luz del rayo que no cesa.

Así, noche tras noche, sucumbiste
en medio de una España negra y triste,
como el toro en la plaza, como el toro.

La juventud de hoy, la de mañana,
forja otro cielo rojo, audaz, sonoro,
con un rayo de sol en la ventana.

(Euzkadi, 1962)

Blas de Otero.


Miguel Hernández musicalizado.

sábado, 9 de mayo de 2009

A ESTO HEMOS LLEGADO (1966)

Hay algo que interesa conjuntamente, no en cuanto sujetos a un mismo pasado, y sí como posible objeto de una incipiente libertad. ¿Veis esta generación recién surgida por un golpe de dados, los precios, el nivel, lo inevitable? No; ni dados ni azar obraron de esta suerte: con clara -o torva- conciencia impulsan -o tratan de abolir- el tiempo y sus leyes, sus relevos. Porque no hay mejor madera que la de casa, al menos para quien quiera hacerla habitable. Todos los países limitan entre sí, a esto hemos llegado. Pero yo llamo a mi puerta, y su sonido sé que responde, no por sí sola, sino a golpes de otras manos, seguramente jóvenes.
Esto, y un poco de silencio en el aula de la historia, es todo lo que interesa.

martes, 5 de mayo de 2009

EL OBÚS DE 1937

La cocina es lo más surrealista de la casa.
(Claro que me refiero a las cocinas con fogón de carbón.)
Una bombilla amarilla ilumina la dostoievskiana cocina.
Noches de invierno, con lluvia, frío o viento o granizo, y
las escuálidas gotas chorreando por la cal.
Yo he resistido largamente en la tierra, esto es: sobre
las lívidas baldosas de la cocina.
He escrito muchos poemas en la cocina
y, por poco, casi he rezado en la cocina.
El mes de febrero es elegido con fruición por todas las cocinas de provincias.
Mi cocina en Hurtado de Amézaga 36 contribuyó
poderosamente a la evolución de mi ideología.
(Hoy recuerdo aquella cocina como un santuario,
algo así como Fátima con carbonilla.)
Sentado en una banqueta de madera, sobre la mesa de pintado
pino melancólica luz lanza un quinqué,
según atestigua Espronceda.
Gran poeta el intrépido Espronceda.
Interesante muchacha la Teresa, que se ganó un apasionado
camafeo de octavas reales
que no se las salta un torero.
Espronceda poeta social de la cocinas y de las barricadas.
Bravo Espronceda, delicada media verónica
de Gustavo Adolfo Bécquer.
Dios mío, qué solos se quedan los muertos.
Un muerto en la cocina es algo perfectamente serio.