miércoles, 30 de noviembre de 2011
martes, 29 de noviembre de 2011
poema dedicado a sergio oiarzabal
El poeta y la ciudad
1
Decidiste largarte de esta ciudad y puede que algún día también yo siga esa dirección
tal como lo planeaste.
Sin hacer incomodas maletas que arrastren más pesados escombros.
Con el mismo aire melancólico y mortecino del batir de alas de las gaviotas
cuando ingrávidas van al encuentro de los barcos
para que lleguen prendidos a sus mástiles los oxidados nubarrones
a esta ciudad equivocada.
En la que perpetuamente parece caer de lado una fina lluvia de mercurio,
orilla final de un continente, al borde de recaer en el martirio y a miles de kilómetros de la absolución.
Donde sólo se fracasa en vida, sede de todas las adicciones y esperma de todos los diagnósticos,
que silencia las voces obligándolas a masticar sus nudillos hasta convertir las bocas en muñones
y en la que, acabo de darme cuenta, me he quedado
sin cómplice.
2
Decidiste marcharte sin reparar en lo solo que me dejabas frente a esta ciudad
en la que nacimos de madres vírgenes
y, una vez echados los dientes, en la que copulamos en plena calle entre los cuerpos insepultos
de nuestros crímenes observando.
A los que un viento de otoño prematuro esparce como hojarasca
por las esquinas pidiendo lo suelto a cambio de devolverte al opio de un amor fingido.
Sobre los incómodos bancos de los parques durmiendo como ángeles derrocados
el sueño de creerse a salvo de no deber nada a nadie.
Al fondo de bares siempre oscuros y ruidosos, bebiendo solo en un rincón,
sujeto a una copa como una bola de cristal que siempre predice un futuro inaceptable.
Bajo el gris amanecer, en la doliente intemperie de caminar por los muelles tan vacíos de vida
como los bolsillos en los que sólo aciertan a entrar frías las manos.
Instante de reencuentro con una momentánea lucidez empeñada en hallar significado
a por qué en esta ciudad parece que siempre queda algo por suceder,
por qué echa la mano al cuello sin pestañear,
o por qué en los patios de las escuelas juegan en silencio, como escépticos ancianos,
niños que se encojen de hombros como si no tuvieran padres, mientras sus hermanos no nacidos,
huérfanos de promesas, se divierten corriendo y gritando despreocupados por las cloacas
vestidos de primera comunión.
3
Decidiste, solo y sin avisar como cuando se te cruzaba venir a verme, dejar esta ciudad
de ataúdes abiertos,
de casas medio derruidas en cuyas paredes al descubierto sigue aún colgado nuestro retrato.
Absurdo y abstracto como el de un pariente lejano, tan irreconocible como nuestro rostro
en el espejo borroso y polvoriento
de un tiempo tozudo que jamás permitirá que volvamos a ser vigorosos y excitados
de mirada retadora.
Descubriendo, como si camináramos descalzos, sus frías y húmedas calles,
sintiéndonos invulnerables y eternos.
Lo hiciste llevándote todo lo que sabes de mí y nunca me contaste.
Sin echar la vista atrás,
no fuera que contemplar como ardían volátiles las dimensiones del teatro te hubiera hecho olvidar
que para ti fue siempre más importante el argumento que las dimensiones del teatro.
Rugiendo por tus venas como gasolina en un camión de dieciséis ruedas lanzado por la autopista
a toda velocidad,
en mitad de la oscura calima de la ardiente noche, arrollando con los faros como ojos en éxtasis
enjambres de polillas desorientadas.
Ungido por la bendita locura de ser antes que nadie quien encuentre ese exilio de pétalos de amapola,
el parnaso en el que la palabra deja de deambular con sonido de pasos de un fantasma
metido en el pecho
y se reconcilia materializándose real en un ser vivo habitando la vida
eterno.
A Sergio Oiarzabal
1
Decidiste largarte de esta ciudad y puede que algún día también yo siga esa dirección
tal como lo planeaste.
Sin hacer incomodas maletas que arrastren más pesados escombros.
Con el mismo aire melancólico y mortecino del batir de alas de las gaviotas
cuando ingrávidas van al encuentro de los barcos
para que lleguen prendidos a sus mástiles los oxidados nubarrones
a esta ciudad equivocada.
En la que perpetuamente parece caer de lado una fina lluvia de mercurio,
orilla final de un continente, al borde de recaer en el martirio y a miles de kilómetros de la absolución.
Donde sólo se fracasa en vida, sede de todas las adicciones y esperma de todos los diagnósticos,
que silencia las voces obligándolas a masticar sus nudillos hasta convertir las bocas en muñones
y en la que, acabo de darme cuenta, me he quedado
sin cómplice.
2
Decidiste marcharte sin reparar en lo solo que me dejabas frente a esta ciudad
en la que nacimos de madres vírgenes
y, una vez echados los dientes, en la que copulamos en plena calle entre los cuerpos insepultos
de nuestros crímenes observando.
A los que un viento de otoño prematuro esparce como hojarasca
por las esquinas pidiendo lo suelto a cambio de devolverte al opio de un amor fingido.
Sobre los incómodos bancos de los parques durmiendo como ángeles derrocados
el sueño de creerse a salvo de no deber nada a nadie.
Al fondo de bares siempre oscuros y ruidosos, bebiendo solo en un rincón,
sujeto a una copa como una bola de cristal que siempre predice un futuro inaceptable.
Bajo el gris amanecer, en la doliente intemperie de caminar por los muelles tan vacíos de vida
como los bolsillos en los que sólo aciertan a entrar frías las manos.
Instante de reencuentro con una momentánea lucidez empeñada en hallar significado
a por qué en esta ciudad parece que siempre queda algo por suceder,
por qué echa la mano al cuello sin pestañear,
o por qué en los patios de las escuelas juegan en silencio, como escépticos ancianos,
niños que se encojen de hombros como si no tuvieran padres, mientras sus hermanos no nacidos,
huérfanos de promesas, se divierten corriendo y gritando despreocupados por las cloacas
vestidos de primera comunión.
3
Decidiste, solo y sin avisar como cuando se te cruzaba venir a verme, dejar esta ciudad
de ataúdes abiertos,
de casas medio derruidas en cuyas paredes al descubierto sigue aún colgado nuestro retrato.
Absurdo y abstracto como el de un pariente lejano, tan irreconocible como nuestro rostro
en el espejo borroso y polvoriento
de un tiempo tozudo que jamás permitirá que volvamos a ser vigorosos y excitados
de mirada retadora.
Descubriendo, como si camináramos descalzos, sus frías y húmedas calles,
sintiéndonos invulnerables y eternos.
Lo hiciste llevándote todo lo que sabes de mí y nunca me contaste.
Sin echar la vista atrás,
no fuera que contemplar como ardían volátiles las dimensiones del teatro te hubiera hecho olvidar
que para ti fue siempre más importante el argumento que las dimensiones del teatro.
Rugiendo por tus venas como gasolina en un camión de dieciséis ruedas lanzado por la autopista
a toda velocidad,
en mitad de la oscura calima de la ardiente noche, arrollando con los faros como ojos en éxtasis
enjambres de polillas desorientadas.
Ungido por la bendita locura de ser antes que nadie quien encuentre ese exilio de pétalos de amapola,
el parnaso en el que la palabra deja de deambular con sonido de pasos de un fantasma
metido en el pecho
y se reconcilia materializándose real en un ser vivo habitando la vida
eterno.
A Sergio Oiarzabal
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Soñador-Es
Escucha el audio PLAY
Siempre
pensé que los musos se diluían una vez trabajado mis deseos,sin
embargo pernoctas en mi quizá por esconderme tras tus ojos negros
que no dejan de invitarme libidinosos.
Te
observo a través de la pared liquida que derrama humedades
invertidas mientras tu voz descansa en otra luna que no es la
mía,soñador.
Vuelves
a ser orilla donde rompe la ola que envidio por su fuerza,arena
intacta que adoran mis manos acariciar.Vuelves a mi, carne
prohibida,cuerpo que se me antoja regalo,fantasía dividida,saliva
escondida en el pecado...Por que eres pecado entre mis dientes,veneno
que diluye mi sangre y muerte si no te respiro
Traspasas
los límites de cualquier oración sagrada y las emes crecen
deseosas de estancias,clavando su base en mi piel como mordedura de
aguja .
No me
mires si me haces participe que me enamoras soñador.
Toma
mis versos con la cautela de unas manos asustadas,y tenme presente
en la aurora de la ciudad que despiertes si acaso los besos fracasan.
Hay rincones escondidos donde estará mi alma esperándote como noche
a las luciérnagas. Buscame en ellos con la alevosía de un triunfador
blindado,soñador y tenme sin los escrúpulos de la hora,y hazme sin
la conciencia turbada por la inquisición que te somete.
Siempre
pensé que los musos se diluían una vez trabajado mis deseos. Pero
tú, sigues bailando en enredaderas que habitan balcones imposibles
y yo ...te verso a pinceladas los labios.
Hagámonos el amor ,soñador...diez minutos,una hora o una vida.
Un poema de Mikel Varas
Abando 5 a.m.
Un Sol cabizbajo
borra mi silencio.
Un tumulto.
Un problema.
Una risa.
Un sollozo
pero solo en el ojo derecho.
El otro está cansado.
Se acostumbró a vivir...
A vivir llorando.
Mikel Varas
Un Sol cabizbajo
borra mi silencio.
Un tumulto.
Un problema.
Una risa.
Un sollozo
pero solo en el ojo derecho.
El otro está cansado.
Se acostumbró a vivir...
A vivir llorando.
Mikel Varas
RECITAL DE POESÍA DE MIKEL VARAS EN VITORIA
Acompañado por el poeta y cantante de LEVE Ritxi Poo
y la guitarra del maestro José Sanchez
Día 1 de diciembre 20.00h.
Casa de cultura Ignacio Aldekoa
Dirección: Paseo de la Florida, 9, 01005, Vitoria-Gasteiz
STAND DE MIKEL VARAS EN GETXOARTE 2011
Inauguración 2 de diciembre a las 11.00h.
Días 2,3,4, DE DICIEMBRE
Horario de 11.00 a 14.00h y de 17.00h a 21.00h
Plaza de la estación de metro de Las Arenas (Getxo)
Acompañado por el poeta y cantante de LEVE Ritxi Poo
y la guitarra del maestro José Sanchez
Día 1 de diciembre 20.00h.
Casa de cultura Ignacio Aldekoa
Dirección: Paseo de la Florida, 9, 01005, Vitoria-Gasteiz
STAND DE MIKEL VARAS EN GETXOARTE 2011
Inauguración 2 de diciembre a las 11.00h.
Días 2,3,4, DE DICIEMBRE
Horario de 11.00 a 14.00h y de 17.00h a 21.00h
Plaza de la estación de metro de Las Arenas (Getxo)
lunes, 21 de noviembre de 2011
Un poema de Santiago Liberal
CANCIÓN DE AMOR
Pienso en ti y te siento cerca
aunque no estes a mi lado.
Desesperado repito tu nombre
y tu imagen en mi mente se refresca.
entregarte por la mañana una rosa
y quererte, sobre todo ¡quererte!
y amarte,sobre todo ¡amarte!
fundidos en una vida hermosa
reposando mi cabeza en tu espesura.
Y abrazarte, sobre todo ¡abrazarte!
y tenerte, sobre todo ¡Tenerte!
porque si no, me embargara la amargura.
Santiago Liberal
del Poemario Híbridos
Pienso en ti y te siento cerca
aunque no estes a mi lado.
Desesperado repito tu nombre
y tu imagen en mi mente se refresca.
entregarte por la mañana una rosa
y quererte, sobre todo ¡quererte!
y amarte,sobre todo ¡amarte!
fundidos en una vida hermosa
reposando mi cabeza en tu espesura.
Y abrazarte, sobre todo ¡abrazarte!
y tenerte, sobre todo ¡Tenerte!
porque si no, me embargara la amargura.
Santiago Liberal
del Poemario Híbridos
jueves, 17 de noviembre de 2011
Un soneto de Jabier Aguirre
AHORA
"Es ahora la hora"
José Ángel Valente
Mañana empieza hoy, ahora es la hora
de andar como si fuera ya el futuro,
de empezar a empezar, sin más seguro
que la inestable tabla del ahora.
No puede ser la sombra vencedora
del porvenir que viene en aire puro,
no ha de morir el alba contra un muro
de indiferente carne abrumadora.
Hoy hace sol, buen tiempo, la mañana
ilumina la esquina más oscura
del corazón. Será que está empezando
el día, que la música cercana
nos baña, tan presente, de esta dura
luz que nos hace, vamos, libres, cuando...
jabier Aguirre
"Es ahora la hora"
José Ángel Valente
Mañana empieza hoy, ahora es la hora
de andar como si fuera ya el futuro,
de empezar a empezar, sin más seguro
que la inestable tabla del ahora.
No puede ser la sombra vencedora
del porvenir que viene en aire puro,
no ha de morir el alba contra un muro
de indiferente carne abrumadora.
Hoy hace sol, buen tiempo, la mañana
ilumina la esquina más oscura
del corazón. Será que está empezando
el día, que la música cercana
nos baña, tan presente, de esta dura
luz que nos hace, vamos, libres, cuando...
jabier Aguirre
Cadaver Exquisito de Noches Poéticas
NOCHES POÉTICAS
BILBAO
Cada cita de cada Noche Poética tiene, además del entretenimiento, la cultura hecha en tiempo real en forma de poesía, literatura, arte y música, la faceta creativa del público que se expresa a través de los temas de "los cadáveres exquisitos" La noche en el Caos Club, con un público respetuoso y participativo que llenaba el local, no fue una excepción a la hora de encarar con "descaro" el escabroso y desafiante tema: "los genitales" A las pruebas me remito. ¡Que lo disfrutéis!
Ni principio ni fin, tan sólo son un medio
danzón, zumbón, juguetón. Maravillosas curvas.
Y allí estaban su polla y su coño rotos por amarse.
Nido de carne, de poros abiertos, de calor
y embrollo de sensaciones, pasiones, lujurias;
¡ay, si supieras que estás donde debes estar...!
Paloma en tus senos mensajera,
seguiré caminando por tu cuerpo y tu brisa,
sombra que se alarga al atardecer.
Yo he visto en las puertas de Tanhausen los huevos más grandes
del mundo;
pero somos un susurro al alba del placer infinito
y en ese instante, un leve roce
en genitales colgantes:
gen... y tal; gen... y tales.
La lija de tu lengua bruñe la carne
y tengo impresa la presión de tus caderas
y el sabor de tu sexo.
Hoy no tengo el coño para farolillos...
Se la vi y me sorprendí,
porque cuando en mi bici andaba
¡todo me colgaba!
Me irrita no rozar tus partes;
rómpeme, sólo eso, en cuatro o como quieras, pero hazlo,
tanto te anhelo, tanto te quiero
con el (booom) latido (booom) de mi cuerpo,
y dichosa la neurona, decían que estaba sola.
En serventesios de estrofas viejas
los huevos me suben a las orejas,
¡ciego y maltrecho a los pies de la noche
y el caramelo mágico que crece en mi boca!
Noches Poéticas
BILBAO
Cada cita de cada Noche Poética tiene, además del entretenimiento, la cultura hecha en tiempo real en forma de poesía, literatura, arte y música, la faceta creativa del público que se expresa a través de los temas de "los cadáveres exquisitos" La noche en el Caos Club, con un público respetuoso y participativo que llenaba el local, no fue una excepción a la hora de encarar con "descaro" el escabroso y desafiante tema: "los genitales" A las pruebas me remito. ¡Que lo disfrutéis!
Ni principio ni fin, tan sólo son un medio
danzón, zumbón, juguetón. Maravillosas curvas.
Y allí estaban su polla y su coño rotos por amarse.
Nido de carne, de poros abiertos, de calor
y embrollo de sensaciones, pasiones, lujurias;
¡ay, si supieras que estás donde debes estar...!
Paloma en tus senos mensajera,
seguiré caminando por tu cuerpo y tu brisa,
sombra que se alarga al atardecer.
Yo he visto en las puertas de Tanhausen los huevos más grandes
del mundo;
pero somos un susurro al alba del placer infinito
y en ese instante, un leve roce
en genitales colgantes:
gen... y tal; gen... y tales.
La lija de tu lengua bruñe la carne
y tengo impresa la presión de tus caderas
y el sabor de tu sexo.
Hoy no tengo el coño para farolillos...
Se la vi y me sorprendí,
porque cuando en mi bici andaba
¡todo me colgaba!
Me irrita no rozar tus partes;
rómpeme, sólo eso, en cuatro o como quieras, pero hazlo,
tanto te anhelo, tanto te quiero
con el (booom) latido (booom) de mi cuerpo,
y dichosa la neurona, decían que estaba sola.
En serventesios de estrofas viejas
los huevos me suben a las orejas,
¡ciego y maltrecho a los pies de la noche
y el caramelo mágico que crece en mi boca!
Noches Poéticas
miércoles, 16 de noviembre de 2011
lunes, 14 de noviembre de 2011
Un poema de Rosa Díez
EL HECHIZO DE LOS COLORES
Sábana de avena
con canto de grillo,
todo lo que miro
se vuelve amarillo.
Hojas del otoño,
lluvia en el balcón,
todo lo que miro
se vuelve marrón.
Mirada de niño,
nieve en el barranco,
todo lo que miro
se me vuelve blanco.
Autopista, humo,
invierno, adoquín,
todo lo que miro
se me vuelve gris.
Grajo, golondrina,
nubarrón y cuervo,
todo lo que miro
se me vuelve negro.
Monte con llovizna,
ternero que muerde,
todo lo que miro
se me vuelve verde
Colibrí del día,
palacio del alba,
todo lo que miro
se me vuelve malva.
Navaja de monte,
tiro de escopeta,
todo lo que miro
se vuelve violeta.
Cárabo volando,
viento del oeste,
todo lo que miro
se vuelve celeste.
Botón de cereza,
pelo de raposa,
todo lo que miro
se me vuelve rosa.
El sol del ocaso
sobre la ventana,
todo lo que miro
se me vuelve grana.
Y cierro los ojos
con tantos colores,
que veo la vida
llenita de flores.
Rosa Díez
Sábana de avena
con canto de grillo,
todo lo que miro
se vuelve amarillo.
Hojas del otoño,
lluvia en el balcón,
todo lo que miro
se vuelve marrón.
Mirada de niño,
nieve en el barranco,
todo lo que miro
se me vuelve blanco.
Autopista, humo,
invierno, adoquín,
todo lo que miro
se me vuelve gris.
Grajo, golondrina,
nubarrón y cuervo,
todo lo que miro
se me vuelve negro.
Monte con llovizna,
ternero que muerde,
todo lo que miro
se me vuelve verde
Colibrí del día,
palacio del alba,
todo lo que miro
se me vuelve malva.
Navaja de monte,
tiro de escopeta,
todo lo que miro
se vuelve violeta.
Cárabo volando,
viento del oeste,
todo lo que miro
se vuelve celeste.
Botón de cereza,
pelo de raposa,
todo lo que miro
se me vuelve rosa.
El sol del ocaso
sobre la ventana,
todo lo que miro
se me vuelve grana.
Y cierro los ojos
con tantos colores,
que veo la vida
llenita de flores.
Rosa Díez
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