miércoles 1 de febrero de 2012
WISLAWA SZYMBORSKA ha muerto
ALGO SOBRE EL ALMA
Alma se tiene a veces.
Nadie la posee sin pausa
y para siempre.
Día tras día,
año tras año
pueden transcurrir sin ella.
A veces sólo en el arrobo
y los miedos de la infancia
anida por más tiempo.
A veces nada más en el asombro
de haber envejecido.
Rara vez nos asiste
en las tareas pesadas,
como mover muebles,
cargar las maletas
o recorrer caminos con zapatos apretados.
Cuando hay que cortar carne
o llenar solicitudes,
generalmente está de asueto.
De mil conversaciones
toma parte sólo en una,
y no necesariamente,
pues prefiere el silencio.
Cuando el cuerpo nos empieza a doler y doler,
escapa sigilosamente de su hora de consulta.
Es algo quisquillosa:
con disgusto nos ve en la muchedumbre,
le repugna nuestra lucha por supuestas ventajas
y el rumor de los negocios.
La alegría y la tristeza
no son para ella sentimientos distintos.
Sólo cuando se unen
está presente en nosotros.
Podemos contar con ella
cuando no estamos seguros de nada
y tenemos curiosidad por todo.
De los objetos materiales
le gustan los relojes con péndulo
y los espejos que trabajan afanosos
aunque no mire nadie.
No dice de dónde viene
ni cuándo se irá de nuevo,
pero evidentemente espera esa pregunta.
Según parece,
así como ella a nosotros,
nosotros a ella
también le servimos de algo.
WISLAWA SZYMBORSKA
Poema incluido en el libro Instante (Igitur; Montblanc, 2005).
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2 comentarios:
Gran pérdida...si, nos queda su poesía, pero nos pesa en el alma tanta ausencia terrena.
DE HOMBRES EN EL PUENTE (1986)
EL OCASO DEL SIGLO
Tenía que ser mejor que los anteriores, nuestro siglo XX.
Ya no está a tiempo de demostrarlo,tiene los años contados, andar vacilante
respiración corta.
Han sucedido demasiadas cosas
que no debieron suceder,
y lo que tenía que llegar
no ha llegado.
Tenía que estallar la primavera
y, entre otras cosas, la felicidad.
El miedo tenía que abandonar valles y montañas.
La verdad tenía que ser más veloz que la mentira
en alcanzar el blanco.
Algunos desastres
no debieron repetirse,
por ejemplo la guerra, el hambre, etcétera.
Tenía que respetarse
la indefensión de los indefensos,
la confianza y cosas por el estilo.
Quien deseaba complacerse en este mundo
se enfrenta a una azaña irrealizable.
La estupidez no es ridícula
La sabiduría no es alegre.
La esperanza
dejó de ser una muchacha,
etcétera, por desgracia.
Dios, tenía que confiar, por fin, en el hombre
bueno y fuerte, pero un bueno y un fuerte
siguen siendo dos hombres.
Cómo vivir, me preguntó por carta alguien
a quien yo pensaba formular
la misma pregunta.
De nuevo y como siempre,
según lo dicho anteriormente,
no hay preguntas más apremiantes
que las preguntas ingenuas.
WISLAWA AZIMBORSKA.
SZYMBORSKA
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