nunca había quemado tanto el mar
sólo con acercar el pie me escaldo
con pensar en el mar me pongo en llamas
he de apagarlo sea como sea
olvidar que las olas no se apagan
he de amatar la vida que me mata
he de ignorar la muerte que me aviva
mi fuego helado en todos los sentidos
el dulce tiburón que me desgarra
la sombra que dibuja cada ola
mi cadáver flotando desgajado
12 comentarios:
hablando de urgencias, quién mejor que Miguel Hernández:
EL SILBO VULNERADO
(1934)
Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.
Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu amor y galanía,
clemencia de tu voz la tuya mía
y asistencia el estado en que lo cuento.
¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
me falta el aire tuyo, mi sustento,
y no sé respirar, y me desmayo.
Que venga, Dios, que venga de su ausencia
a serenar la sien del pensamiento
que me mata con un eterno rayo.
que desahoga en mí su eterno rayo
(variante posterior del último verso)
y asistencia la herida en que lo cuento
pues yo la he probado y está buena
No salgo de mi asombro.
Paciencia necesitas, amigo Javier.
Sigue regalándonos tu creación y si alguien tiene que comer ajos que los coma.
Sin querer entrar en polémicas, yo tengo dos versiones de este soneto: Una editada por PLAZA&JANÉS dirigida por ANA MARÍA MOIX que conincide en sus versos con la versión que ha publicado MIGUEL.
La otra es una Antología de M. HERNÁNDEZ dirigida por ALBERTO COUSTÉ el la que algunos versos se diferencian del anterior.
Lo remito por si alguien tiene curiosidad:
Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía por la ausencia del aire de tu viento.
Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en lo que cuento.
¡ay querencia, dolencia y apetencia!,
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.
Quiero que vengas, flor desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.
MIGUEL HERNÁNDEZ.
Me gustaria saber que versión es más fiel al poeta.
Ángeles: este soneto tiene dos versiones: una primera, de "El silbo vulnerado" (1934) y otra posterior de "El rayo que no cesa" (1936). No hay más que fijarse en los versos modificados en la segunda versión para constatar que la segunda es más madura que la primera, y más fiel a su exigencia de calidad, más elaborada. La que tu copias es la segunda, la de "El rayo". Esto nos prueba que Miguel Hernández era un poeta de fuerza, de impulso, pero que también volvía sobre sus textos a pulirlos.
Javier; Como siempre tus intervenciones impagables.
Hernández como Petrarca: Depurando hasta el límite.
Eso me recuerda que Gamoneda nos comentó en una de sus intervenciones en Bidebarrieta, que era capaz de levantarse a las tres de la madrugada para cambiar de lugar una coma.
Muchas gracias por tu valiosa aclaración.
Un saludo
Gracias, Ángeles; se podría añadir algo más: en cada una de las modificaciones, el poema no sólo gana en corrección, sino sobre todo en intensidad, en densidad emotiva. El verso de Hernández que es toda una poética, "la lengua en corazón tengo bañada" actúa como un principio cordial que se aplica en cada uno de sus versos, y muy especialmente en "El rayo que no cesa". Si vamos analizando cada una de las variantes, nos podemos dar cuenta de cómo elimina lo inexpresivo o tópico, en busca de la metáfora o expresión insólita; así:
"urgencia de tu amor y galanía" pasa a ser "urgencia de tu garza galanía", en original juego aliterativo,
"clemencia de tu voz la tuya mía", verso un tanto titubeante, pasa a un contundente y barroco "tu clemencia solar mi helado día",
"asistencia el estado en que lo cuento" se transforma en "asistencia la herida en que lo cuento" -que recuerda al "no hay exensión más grande que mi herida" de su Elegía a Ramón Sijé,
qué decir de los versos del primer terceto: "me falta el aire tuyo, mi sustento,
y no sé respirar, y me desmayo."
que después son:
"tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo."
El primer soneto es de un Miguel espontáneo, que empieza a luchar contra las formas, inmaduro aún, por más que este soneto presente la dificultad añadida de su estructura y rimas internas. En el segundo su virtuosismo es manifiesto. "El Rayo que no cesa" es para Miguel un "tour de force", una demostración de que está en plena posesión de sus facultades poéticas, sin por eso dejar de ser un poeta arrebatado, pero inyectando corazón gota a gota en cada verso.
Por cierto, el primer cuarteto quedó intocado: es magistral.
...y abusando de tí, ¿Que me dices sobre el cambio del 2ª terceto?
Cuando en la segunda versión, en el último verso dice:
"Que desahoga en mí su eterno rayo"
¿Se refiere a Dios metaforicamente,
cuyo nombre ha suprimido?
Gracias
el último cambio elimina, efectivamente, la súplica a Dios por una imprecación directa a la amada; así, de la tercera persona de la primera versión "quiero que venga, Dios," pasa a una apelación directa: "quiero que vengas, flor"; flor que se relaciona semánticamente con "me muero sobre mayo".
Lo que el poeta pide a la amada al final "quiero que vengas - a serenar la sien del pensamiento / que desahoga en mí su eterno rayo", es que calme su obsesión, el pensamiento contínuo que no le deja ni a sol ni a sombra (perro que ni me deja ni se calla) que es el tema central del libro, el dolor, el rayo que no cesa, la pena, el mal de amor...
no hay duda de que el último verso en la segunda versión es mucho más efectivo, con ese acento en aguda, en la sexta sílaba en "mí", un "mí" que suena herido de muerte por el rayo que no cesa.
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